¿HAS VISTO CÓMO TRABAJAS? Ejercicio de consciencia corporal ante el ordenador


¿Cuántas horas pasas al día delante del ordenador? ¿Podrías visualizarte frente a él? ¿Conoces realmente tu postura cuando estás trabajando?

Tomar consciencia de tus hábitos es la llave para cambiar aquellos que no funcionan, o potenciar los que desees conservar. Así que, si te encuentras en este momento delante de tu equipo, te invito a hacer un pequeño viaje de exploración por tu cuerpo. ¿Te apuntas?

Antes de empezar nuestro recorrido, quiero pedirte que lo hagas sin juzgar ni querer cambiar nada, simplemente vamos a tomar consciencia de cómo estamos. ¿De acuerdo?

Pues vamos a comenzar observando cómo estás sentado. No cambies nada, sólo obsérvate mientras respiras cómodamente. ¿Es ésta tu postura habitual? ¿Te sientes cómodo o sientes que necesitas hacer algún cambio?

Poco a poco, observa cómo es tu respiración. Tan solo detente a observarla con atención durante unos segundos… ¿Fluye de una manera cómoda y agradable? ¿Tus costillas y tu abdomen bailan al ritmo de tu respiración, mientras el aire sale y entra de tu cuerpo? ¿Sientes que llenas tus pulmones completamente o quizá te das cuenta de que puedes introducir más aire dentro de ellos?

Ve dirigiendo tu atención a la espalda, en concreto a tu zona lumbar, observando si reposa cómodamente en el respaldo o, por el contrario, detectas alguna tensión o molestia. Si sientes que te pide hacer algún cambio puedes hacerlo, pero no es necesario. Tan solo observa.

Desciende por tu pelvis, tus piernas, mientras las recorres dándote cuenta de su posición en la silla. Siente tu postura, las sensaciones en tus muslos, tus rodillas, gemelos…llegando hasta tus pies. Si observas zonas comprimidas o tensas en alguna de esas áreas y lo necesitas, puedes soltarlas, ayudándote de tu respiración. Espiras… relajas tensiones… espiras… relajas…

Poco a poco, desde esa actitud de contemplación, pasea tu mirada interior por tu abdomen, tórax, aventurándote a explorar la parte superior de tu cuerpo.

Observa tus manos, dándote cuenta de dónde tienes situado el ratón del ordenador. Si lo sujetas con la mano, ¿cómo están tus dedos? ¿Reposan relajadamente sobre él? ¿Y tu muñeca? ¿Se mantiene alineada con tu brazo? Mira ahora cómo está tu otra mano, sus dedos y su estado de relajación.

Si estás utilizando algún documento u objeto para trabajar, ¿dónde están colocados? ¿Llegas a ellos de una manera fácil y cómoda o debes forzar la postura?  

Vamos a continuar el recorrido por los hombros, pasando por tu cuello, mientras te das cuenta de su posición y su estado de relajación o tensión.  

Desde ahí, observa la pantalla del ordenador y su posición respecto a tus ojos. Conecta con las sensaciones en tu zona cervical. ¿Está en una posición cómoda respecto a la pantalla? ¿Se mantiene alineada con el resto de tu columna y tu barbilla queda ligeramente hacia delante y hacia abajo? ¿Están tus orejas en la línea de tus hombros? Si detectas cualquier tensión, puedes liberarla si quieres con tu respiración.

Continúa conectando con las sensaciones en tus ojos.  ¿Hay reflejos o aspectos de la iluminación que les obliga a forzarse? ¿Los sientes hidratados? Tu entrecejo, tu frente… ¿cómo se encuentran? ¿Notas tensión? Si crees que no la necesitas en este momento, puedes soltarla…

Y ahora, poco a poco, vas a conectar con tus pensamientos, observándolos con curiosidad. Simplemente date cuenta de cómo son…  ¿asuntos del pasado?, ¿preocupaciones o divagaciones por el futuro?, ¿o se refieren a este lugar y este momento? Observa si se van generando nuevos pensamientos o se repiten siempre los mismos… ¿necesitas todos ellos ahora? Piensa en cómo te hacen sentir, qué emociones generan en tu cuerpo y date cuenta de ellas, observando cómo afectan a tu postura, a tu respiración y a tu sensación o falta de bienestar.

Por último, para terminar, haz un recorrido final a vista de pájaro por todo tu cuerpo, con sus pensamientos y emociones que van y vienen, tomando consciencia de su globalidad, de su naturaleza pasajera y efímera y de su relación con lo que le rodea.

Ya hemos terminado…  Una vez practicado este pequeño viaje, serás capaz de hacerlo en pocos segundos cada vez que desees comprobar cómo te encuentras. Recuerda: tomar consciencia de tu estado corporal es el primer paso para adquirir mejores hábitos. ¡Hasta pronto!


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